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50 y 20

Cincuenta y veinte años antes de que yo naciera, Borges escribió dos poemas (técnicamente cuatro) que hoy me atraen por razones distintas. No pretendo ahondar en las razones, sino en la reflexión a la que me ha llevado la lectura de estos dos poemas.

La tristeza es un sentimiento extraño que tiene efectos contrarios. Por un lado, cuando estamos tristes nos gusta leer poesía triste o escuchar canciones tristes para sentir la empatía de otros. A veces hasta nos hace un poco felices estar tristes, porque nos provoca la sensación de sentirnos vivos. La tristeza acompañada de unos buenos versos (o acordes) es sublime, no hay otra palabra. Sentimos que debe ser increíble poder plasmar la tristeza por medio del arte, y que quienes lo logran deben ser personas de lo más interesantes.

"Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina."

Sin embargo, la realidad es que la tristeza de uno no resulta atractiva para los demás. La gente sólo se acerca a gente que se ve feliz, aunque en el fondo sean un tanto miserables. Ahí es donde la vanalidad le gana a la tristeza. La tristeza ha de guardarse en el closet, junto con todo aquello que no queremos mostrar al mundo. Sólo los sentimientos sublimes socialmente aceptables pueden permanecer afuera...

Claro, a menos que seas Borges...