Para celebrar el cuarto de siglo... un poema de Margaret Atwood, versión de Ariadna M.
LENGUAS DE LA CIÉNAGA
Las lenguas oscuras y apacibles están siendo silenciadas:
Lenguamadre Lenguamadre Lenguamadre
de una a una se repliegan hacia la luna.
Lenguas de la ciénaga,
lenguas de las raíces de los juncos entrelazadas
mutuamente en el cieno,
células medulares que se trenzan
dentro del tibio núcleo óseo:
los senderos de luz oculta en el cuerpo se esfuman en un guiño.
Las sibilantes y las guturales,
el lenguaje de la cueva, la media luz
que se forma al fondo de la garganta,
la húmeda nervadura de seda en la boca,
la sílaba perdida de "yo" que no implicaba separación,
se vuelven sonidos que ya no
se escuchan pues ya no se hablan,
y todo lo que alguna vez podría haberse dicho en ellos ha
dejado de existir.
Los lenguajes de los soles moribundos
están muriendo,
pero incluso la palabra para nombrarlos se ha olvidado.
La boca contra la piel, vívida y difuminada,
ya no puede hablar tanto con cariño como de despedidas.
Es ahora sólo una boca, sólo piel.
Ya no hay anhelo.
La traducción nunca fue posible.
En su lugar siempre hubo sólo
conquista, el influjo
de la lengua de sustantivos obcecados,
la lengua de metal,
la lengua de Uno/Otro,
aquella lengua que ha devorado a todas las demás.
el arte de la digresión, la descontextualización y la debrayación...
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