Cumplir 25 años te obliga, quizás por culpa de la sociedad y nuestra necesidad de dividir la vida en periodos, a hacer una retrospectiva de tu vida, a ver lo que has logrado y lo que te falta aún. A lo mejor eso es lo que hizo tan difícil este año: el peso y la presión de cumplir el cuarto de siglo. O quizás no fue eso, sino que fue el primer año en el que realmente me dediqué a trabajar más que a estudiar. Dentro de todo no fue tan mal año, aunque murió mi perra, entré en una espiral depresiva y estuve a punto de dejarlo todo y perder la cabeza por una pasión mal encausada. Encontré un trabajo que me encanta (o varios, de hecho), conocí a mucha gente maravillosa, amplié considerablemente mi currículum, me tatué, me titulé (finalmente) de la maestría e hice las paces con la soledad de mi hogar. No planeé ningún viaje, aunque llegué a la conclusión de que definitivamente quiero estudiar mi doctorado en el extranjero. No leí tanto como hubiera querido, aunque compré muchos muchos libros y encontré una librería muy hermosa que está por volverse mi nueva favorita. Me sentí muy mal, muy bien, muy "equis"... Experimenté muchas emociones nuevas y otras sumamente familiares. Si me ofrecieran volver a vivir 2009 no sé cuál sería mi respuesta, honestamente.
el arte de la digresión, la descontextualización y la debrayación...
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