Es difícil reconocer que puedo ser un poquito obsesiva.
Hace muchos años (en mi tierna adolescencia) me obsesioné con un chico que estudiaba en la misma preparatoria que yo. Tenía una banda y tocaba la batería. Yo le dibujé un retrato y se lo regalé. También le hice unas baquetas pintadas a mano con su nombre en una, el nombre de la banda en otro y mis iniciales en ambas. Después las barnicé para que no se corriera la pintura. Nunca me atreví a enviárselas por correo, a pesar de que alguna vez me dio su dirección en el extranjero. Las he guardado todos estos años como un lindo souvenir y como un recordatorio de que soy capaz de crear cosas muy chidas cuando estoy realmente inspirada. Hoy las saqué de su escondite para jugar con ellas Guitar Hero. Las baquetas del juego ya están un poco estropeadas, así que fueron de gran utilidad. Ahora se las presento.
el arte de la digresión, la descontextualización y la debrayación...
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